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¿De qué color es el color carne?

El color como concepto cultural.

En primer lugar, debemos pensar en los colores como algo relativo a la cultura, puesto que no todas las culturas identifican el mismo número de colores, ni cada color tiene el mismo significado. Si atendemos al simbolismo del color podemos comprender como para la cultura occidental el color rojo simboliza peligro, amor o pasión; mientras que en la cultura oriental simboliza fortuna o prosperidad. Tenemos una capacidad biológica de identificar colores y una capacidad social de interpretarlos.

Esta interpretación de los colores la hacemos a partir de nuestra cultura, de los conceptos asociados que hemos aprendido de cada uno de ellos. Estos conceptos son para nosotros lo normal y lógico, llegando a pensar incluso que son universales. Muchas veces, ni siquiera nos planteamos que otras culturas puedan identificar un número diferente de colores según sus propias necesidades como es el caso de la cultura de los inuits. Los inuits pueden identificar diversos colores dentro de lo que nosotros conceptualizaríamos como blanco atendiendo a necesidades de supervivencia propias de su hábitat que a nosotros nos son innecesarias. Por tanto, debemos considerar que los colores responden a una función dentro de cada cultura.

El relativismo cultural como estrategia de marca

Pensar que el concepto de color carne es universal es interpretar la realidad a partir de nuestros propios patrones culturales puesto que eso nos parece lo lógico y normal. Pero como hemos dicho anteriormente, los colores son culturales y varían de una cultura a otra. No podemos imponer un color carne para todas las personas y culturas, debemos hacer un esfuerzo para relativizar el concepto y pluralizarlo, hacer de ello algo inclusivo. Conceptualizar el color carne como el color de piel de cada persona o cultura.

El color carne tiene una funcionalidad en los productos, debe por tanto responder a unas necesidades que como ya hemos dicho son muy variadas por la diversidad cultural. Sin embargo, esta función de encontrar un producto cercano al tono de piel resultaba para muchas personas una tarea complicada. Vivimos en un mundo globalizado donde cada vez encontramos mayor dispersión geográfica en cuanto a tonos de piel. En este contexto, algunas marcas han sabido percibir esta necesidad y han decidido ampliar su gama de color, lazando campañas que rompen con el concepto tradicional de color carne.

Aquí algunos ejemplos:

El empoderamiento corporal y la funcionalidad definen la campaña publicitaria realizada por la firma estadounidense NAJA, que lanzó su línea de ropa interior Nude for all para mujeres reales con 7 tonalidades diferentes de piel. La campaña tuvo una gran visibilidad en el metro de Nueva York. En sus anuncios podemos ver mujeres de diferentes tallas, tonos de piel y profesiones.

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Para Chistian Lauboutin el color carne no es un color, sino un concepto el cual debemos redefinir. Fue uno de los pioneros lanzando una colección de zapatos cuyo objetivo era que cada mujer pudiera tener un zapato que considerase de su propio color de piel.

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La modelo Iman Mohamed criticó duramente a los maquilladores de pasarela que rara vez llevaban maquillaje acorde a su piel. En 1994 lanzó su propia marca de cosméticos atendiendo a las necesidades de muchas mujeres que encontraban como ella muchos problemas para maquillarse con un tono natural. Su marca es un gran éxito empresarial.

 

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Hay tantos tonos de piel como personas hay en el mundo, esto es lo que quiere demostrar la fotógrafa Angélica Dass quien recorre el mundo haciendo retratos de rostros mostrando la belleza de cada uno de ellos. Su proyecto se llama Humanae y en cada uno de sus retratos asigna un número a cada uno de los tonos de piel a los que hace referencia el catálogo Pantone. Con este proyecto, la fotógrafa deja claro que ese tono de piel es único no solo en lo personal, sino también en lo temporal, puesto que cambia a lo largo de las estaciones y los años.

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